26 julio 2008

Asiento, te invito a contemplar desde mi vereda.


Palabras transversales, lineales, vagas en la esclera. Viaje del sueño agónico de un principiante extasiado en notas musicales o quizás en el color, más aún, extraviado en su propia rutina.

Sentarse en la vereda y una historia comienza. ….Calles perdidas, automóviles alineados en un zigzag, adelantándose como si el yugo de la vida terminará hoy extasiada. Contemplar la extrañeza del ser, personas que observan el suelo al caminar, como si el suelo pudiese resolver sus dudas, y más aún quizás sus problemas monetarios, aunque quizás algún día las piedras sean el oráculo de la sociedad humana. No descarto posibilidades, solo las planteo, de alguna forma la ceguez se apodera de cada horizonte.

Y somos verdugos, verdugos de nuestras propias realidades, algunos rehenes neuronales, otros personajes simbióticos de abismos extraviados, y otros hasta señuelos de una capacidad pensante vacía. Y así siento cada intranquila vía aferente controlando mis dedos, aún así sin ser dueña de mi mente.

Y todo esto lo resumo en un vuelo de hojas grisáceas, en un invierno que no pretende ser dueño de nadie.

16 julio 2008

Marioneta de trapo


Si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida, aprovecharía ese tiempo lo más que pudiera.

Posiblemente no diría todo lo que pienso, pero en definitiva pensaría todo lo que digo.

Daría valor a las cosas, no por lo que valen, sino por lo que significan.

Dormiría poco, soñaría más, entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos, perdemos sesenta segundos de luz. Andaría cuando los demás se detienen, despertaría cuando los demás duermen.

Si Dios me obsequiara un trozo de vida, vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol, dejando descubierto, no solamente mi cuerpo, sino mi alma.

A los hombres les probaría cuán equivocados están al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen, sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse!

A un niño le daría alas, pero le dejaría que él solo aprendiese a volar.

A los viejos les enseñaría que la muerte no llega con la vejez, sino con el olvido.

Tantas cosas he aprendido de ustedes, los hombres... He aprendido que todo el mundo quiere vivir en la cima de la montaña, sin saber que la verdadera felicidad está en la forma de subir la escarpada.

He aprendido que cuando un recién nacido aprieta con su pequeño puño, por primera vez, el dedo de su padre, lo tiene atrapado por siempre.

He aprendido que un hombre sólo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo, cuando ha de ayudarle a levantarse.

Son tantas cosas las que he podido aprender de ustedes, pero realmente de mucho no habrán de servir, porque cuando me guarden dentro de esa maleta, infelizmente me estaré muriendo.

Siempre di lo que sientes y haz lo que piensas.

Si supiera que hoy fuera la última vez que te voy a ver dormir, te abrazaría fuertemente y rezaría al Señor para poder ser el guardián de tu alma.

Si supiera que estos son los últimos minutos que te veo diría "te quiero" y no asumiría, tontamente, que ya lo sabes.

Siempre hay un mañana y la vida nos da otra oportunidad para hacer las cosas bien, pero por si me equivoco y hoy es todo lo que nos queda, me gustaría decirte cuanto te quiero, que nunca te olvidaré.

El mañana no le está asegurado a nadie, joven o viejo. Hoy puede ser la última vez que veas a los que amas. Por eso no esperes más, hazlo hoy, ya que si el mañana nunca llega, seguramente lamentarás el día que no tomaste tiempo para una sonrisa, un abrazo, un beso y que estuviste muy ocupado para concederles un último deseo.

14 julio 2008

Volar...


Volar y ser libre, sentir y poder brillar en el cielo, ser una constelación, un hallazgo, un vivir eterno. La música evoca los más profundos secretos, la más ínfima confidencia. Estoy aquí oyendo una voz eterna, un violín que se vuelve marcapasos, notas de piano que suspiran de la boca. Y siento la pureza de la melodía penetrar por mis venas, ebullir en mi saliva. Puedo ver un mundo onírico en una ciudad implacable. Y puedo soñar, creer que la música alivia, que consuela, que borra heridas, que lo estrépito borra cicatrices y lo insólito te hace creer de nuevo. Observo.

Siento el aire ansioso entrar por las fosas nasales, sumergirse en el area cribosa y suspenderse en liquido cefaloraquideo, las caídas a bortones de los pensamientos. La huída inhóspita de un cazador de sueños. Pienso.

Revelo cada agonía como si fuera un suspiro, quizás un lamento agónico de una quimera perdida , pero no, logro entender que no es precisamente quimera, mas bien es un grito enloquecido. Un grito ruín en un gentío sordo y mudo.

13 julio 2008

Utopias...

Cierto día quejumbroso y deprimido, acontece lo más temido en la vida de Joseph Brown, lo más incierto y desesperado en la historia de su larga vida. Hoy hace brincos de una nueva realidad. Lo que ha buscado por años, ha sido el resultado de toda su fuerza interior de ya más 30 años. Acontece. Ha recuperado la pasión de su vida, el reencuentro con su añorada juventud, aquella que ya estaba bajo telarañas y quizás putrefacta entre los escombros.

La mezcla perfecta de aceites y vinos añejos, la dosis exacta de extracto jazmín y peonia, el té verde reposado durante semanas, mas bien 27 días y aquella gota de lluvia de año bisiesto, hicieron que Joseph diera reversa a su vida y se encontrara frente a la juventud. Y no es que obtuviera un cutis nuevo, una piel lisa y tersa, ni mucho menos la vista de lince de sus 25 años ni mucho menos el oído finamente pulido durante sus idas misteriosas a los roqueríos y acantilados. Era la nueva sensación de su vida, la esperanza de reconquistar lo perdido, las agallas nunca antes tenidas. Aquel jarabe de la Plenitud, como bautizó, lo había convertido en un hombre nuevo. Sintió como su sangre llegaba con fuerza a su corazón, apuñalando sus paredes con un ímpetu milagroso, es que pudo percibir como aquella sangre enrojecida más de pasión que hemoglobina, era expulsada de sus nuevos ventrículos. Sentía el recorrido de ella, por donde quiera que se dirigiera, hasta tuvo la percepción de un posible intercambio de oxígeno y dióxido de carbono en sus pulmones. Lo más fantástico aún, fue el resultado de una rica merienda, en el que vivió el más curioso proceso digestivo de su vida, es que nunca pensó que el proceso peristáltico pudiera marearlo tanto, ni que el acido clorhídrico podría transformar tan rico estofado en ínfimas partes. Llamó su atención la emulsificación de las grasas, su respectiva absorción y la sensación gigantezca de deposicionar. Definitivamente se encontraba en el Génesis de su vida.

Ya habían pasado horas y volvió en si. Recordó la entrega mensual de harina al pueblo, y debió rapidamente cargar sacos y sacos que se multiplicaban entre cada ida y vuelta a su tercio de carreta, simplemente los años le habían pasado también la cuenta. Pero hoy era un día especial parecía un joven de 20 años, y el cargamento no fue difícil, por primera vez en su entrada a la vejez lo encontró placentero. Sus musculos flexionaban de una manera suprema, sus rodillas fibrosas ya no eran un impedimento para cargar ahora dos sacos de harina, uno en cada hombro, como en aquellos tiempos….

Déjate caer.

Y he de decir tantas cosas, ¿por qué limitarse a decir aquellas palabras que simplemente ensordecen el alma y esa resguardada mente? Muchas veces pienso en el grito agónico de un alma desconcertada en un mundo un tanto sincrónico, un mundo quizás asociado a una visión cósmica, dónde pueden verse constelaciones, mis constelaciones, los trazos azulados, violetas y el blanco que encandila. Hoy siento que estoy cerca, que es más que un viaje en paracaídas, más que un sueño de varias noches perdidas, más que la constancia de buscar lo equívoco. Contemplo el alrededor y siento plenitud, me asombra que la ceguera no sea un impedimento. Me sorprende saber y sentir que estoy viva.

Hoy decidí comenzar de nuevo a escribir.