26 julio 2008

Asiento, te invito a contemplar desde mi vereda.


Palabras transversales, lineales, vagas en la esclera. Viaje del sueño agónico de un principiante extasiado en notas musicales o quizás en el color, más aún, extraviado en su propia rutina.

Sentarse en la vereda y una historia comienza. ….Calles perdidas, automóviles alineados en un zigzag, adelantándose como si el yugo de la vida terminará hoy extasiada. Contemplar la extrañeza del ser, personas que observan el suelo al caminar, como si el suelo pudiese resolver sus dudas, y más aún quizás sus problemas monetarios, aunque quizás algún día las piedras sean el oráculo de la sociedad humana. No descarto posibilidades, solo las planteo, de alguna forma la ceguez se apodera de cada horizonte.

Y somos verdugos, verdugos de nuestras propias realidades, algunos rehenes neuronales, otros personajes simbióticos de abismos extraviados, y otros hasta señuelos de una capacidad pensante vacía. Y así siento cada intranquila vía aferente controlando mis dedos, aún así sin ser dueña de mi mente.

Y todo esto lo resumo en un vuelo de hojas grisáceas, en un invierno que no pretende ser dueño de nadie.

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