
Volar y ser libre, sentir y poder brillar en el cielo, ser una constelación, un hallazgo, un vivir eterno. La música evoca los más profundos secretos, la más ínfima confidencia. Estoy aquí oyendo una voz eterna, un violín que se vuelve marcapasos, notas de piano que suspiran de la boca. Y siento la pureza de la melodía penetrar por mis venas, ebullir en mi saliva. Puedo ver un mundo onírico en una ciudad implacable. Y puedo soñar, creer que la música alivia, que consuela, que borra heridas, que lo estrépito borra cicatrices y lo insólito te hace creer de nuevo. Observo.
Siento el aire ansioso entrar por las fosas nasales, sumergirse en el area cribosa y suspenderse en liquido cefaloraquideo, las caídas a bortones de los pensamientos. La huída inhóspita de un cazador de sueños. Pienso.


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